domingo, 31 de octubre de 2010

EL HOMBRE QUE PLANTABA ÁRBOLES

Hace ya tiempo que pude leer este maravilloso libro, es cortito pero lleno de intencion, por lo que me gustaria compartirlo con los lectores de este blog. Aclarar que si alguien tiene la feliz idea de seguir los pasos del sr Eleazar, tenga la delicadeza de comprobrar que las especies que utilice sean autoctonas pues es facil encontrar en jardines y parques, semillas de arboles y arbustos que no son adecuados, como consejo consulte en su paisaje y recoja las semillas del entorno natural donde se encuentre.
un saludo a todos.

JEAN GIONO
El Hombre que Plantaba Árboles

Traducción de francés por Olga S. Ricalde de Koehnen La novela de Jean Giono que fue escrita alrededor de 1953, es poco conocida en Francia. El texto se pudo recuperar gracias a que contrariamente a lo que sucede en Francia, la historia ha sido ampliamente difundida en el mundo entero y ha sido traducida a trece idiomas. Lo que ha contribuido también a que se hallan hecho numerosas preguntas alrededor de la personalidad de Eleazar Bouffier y sobre de los bosques de Vergins. Si bien es cierto que el hombre que plantó los encinos es un simple producto de la imaginación del autor; es importante aclarar que efectivamente en ésta región se ha realizado un enorme esfuerzo de reforestación, sobretodo a partir de 1880. Cien mil hectáreas han sido reforestadas antes de la Primera Guerra Mundial, utilizando predominantemente pino negro de Austria y malezas de Europa. Estos bosques son actualmente bellísimos y han efectivamente transformado el paisaje y el régimen de las aguas de esta región. He aquí el texto de la carta que Giono escribió al director del Departamento de Aguas y Bosques, el señor Valderyon, en 1957 haciendo referencia a esta novela.

Querido Señor:
Siento mucho decepcionarlo, pero Eleazar Bouffier es un personaje inventado. El objetivo de esta historia es el de hacer amar a los árboles, o con mayor precisión: hacer amar plantar árboles (lo que después de todo, es una de mis ideas más preciadas). O, si se considera por el resultado; el objetivo es obtener el mismo resultado de nuestro personaje imaginario. El texto que usted ha leído en "Trees and life" ha sido traducido al Danés, Finés, Sueco, Noruego, Inglés, Alemán, Ruso, Checoslovaco, Húngaro, Español, Italiano, Yddish y Polaco. Cedo mis derechos gratuitamente a todas las reproducciones. Un americano me ha buscado recientemente para solicitarme la autorización para hacer un tiraje de 100 000 ejemplares del texto que van a ser repartidas gratuitamente en América (algo que tengo bien entendido y aceptado). La Universidad de Zagreb ha hecho una traducción al Yugoslavo. Este es uno de los textos que he escrito de los que me siento más orgulloso, porque cumple con la función para la que fue escrito. Dicho sea de paso, esta historia no me aporta ningún céntimo.
Si a usted le es posible, me encantaría que pudiéramos reunirnos para hablar precisamente de la utilización práctica de este texto. Yo considero que es ya el tiempo de que hagamos una política favorable al árbol, a pesar de que la palabra política parezca bastante mal adaptada.

Muy cordialmente,
Jean Giono



El Hombre que plantaba árboles Para que el carácter de un ser humano excepcional muestre sus verdaderas cualidades, es necesario contar con la buena fortuna de poder observar sus acciones a lo largo de los años. Si sus acciones están desprovistas de todo egoísmo, si la idea que las dirige es una de generosidad sin ejemplo, si sus acciones son aquellas que ciertamente no buscan en absoluto ninguna recompensa más que aquella de dejar sus marcas visibles; sin riesgo de cometer ningún error, estamos entonces frente a un personaje inolvidable. Hace aproximadamente cuarenta años, yo hacía una larga travesía a pie, en las regiones altas, absolutamente desconocidas para los turistas, en la vieja región de los Alpes que penetra hasta La Provenza. Esta región está delimitada al sureste por el curso medio del Durance, entre Sisteron y Marabeau; al norte por el curso superior del Drome, después de su nacimiento, justo al oeste, por las planicies de Comtant Venaissin y al pie de monte de Mont-Ventoux. Comprende toda la parte norte del Departamento de Bases - Alpes, el sur del Drome y un pequeño enclave de Vaucluse. En el momento en el que emprendí este largo viaje, entre los 1200 y 1300 metros de altitud, el paisaje estaba dominado por desiertos, eran tierras tomadas por la monotonía. Lo único que podía crecer ahí eran lavandas silvestres. Yo pasaba por esta región en su parte más ancha cuando después de tres días de camino me encontré en medio de una desolación sin igual. Acampaba al lado del esqueleto de un pueblo abandonado. Ya no tenía agua. La que me quedaba del día anterior la había utilizado durante la vigilia y necesitaba encontrar más. No pude encontrarla. Las casas, de lo que alguna vez había sido un poblado, estaban aglomeradas al rededor de unas ruinas apiladas, lo que me hizo pensar que en algún tiempo ahí debió haber habido una fuente o un pozo. El arreglo de las cinco o seis casitas de piedra con techos volados y lavados por el viento, y la pequeña capilla daban la apariencia de un pueblo habitado. Sin embargo, cualquier resquicio de vida había desaparecido. Era un hermoso día de junio, pleno de sol, pero en estas tierras sin abrigo, y a estas alturas del cielo, el viento soplaba con una brutalidad insoportable. La fuerza con la que el viento golpeaba las carcasas de las casas era tan violenta como el de una bestia salvaje que es interrumpida durante sus alimentos. Era necesario mover mi campamento. A cinco horas de marcha, no había encontrado agua, ni ningún otro indicio que pudiera darme la esperanza de encontrarla. Por todas partes era la misma aridez, las mismas hierbas leñosas. Me pareció percibir a lo lejos una pequeña silueta negra, de pie. De primera instancia pensé que se trataba de la sombra de un tronco solitario. Por casualidad, me dirigí hacia ella. Era un pastor. Una treintena de corderos yacían sobre la tierra ardiente reposando cerca de él. Me dió de beber agua de su botella, y un poco más tarde él me condujo hasta su casita en una ondulación de la meseta. El obtenía su agua -excelente, por cierto- de un pozo natural muy profundo, en el que él mismo había instalado un malacate muy rudimentario.
Este hombre hablaba poco. Esta es una práctica común entre aquellos que viven solos. Sin embargo, se le percibía como un hombre seguro de sí mismo, confiado en sus convicciones. Me parecía insólita su presencia en estos lugares tan desprovistos de todo. No vivía en una cabañita, sino en una verdadera casa de piedra donde saltaba a la vista claramente que él mismo había restaurado las ruinas con las que se encontró a su arribo. El techo era sólido y estaba bien fijo. El viento que golpeaba las tejas del techo producía un ruido similar al del mar cuando golpea en las playas. Sus muebles y pertenencias estaban en orden, su bajilla estaba lavada, el piso estaba pulcramente trapeado, su rifle estaba engrasado; su sopa hervía en el fuego. Fué entonces cuando me dí cuenta de que también estaba recién afeitado, que todos sus botones estaban sólidamente cosidos y que su ropa estaba cuidadosamente remendada, a tal punto, que los parches eran casi invisibles. El compartió su sopa conmigo y después de cenar yo le ofrecí tabaco de mi saquito. Él me comentó que ya no fumaba. Su perro era tan silencioso como él, era amigable sin llegar a ser ruin. Rápidamente entendí que pasaría la noche ahí, el poblado más cercano se encontraba todavía a más de un día y medio de marcha. Más aún, ya había tenido la oportunidad de conocer el raro carácter de los habitantes de esta región. Que por cierto, no era en absoluto recomendable. En las laderas de estas montañas, entre los matorrales de encinos blancos que están en los extremos de los caminos aptos para vehículos, hay cuatro o cinco poblados dispersos, lejos los unos de los otros. Estos poblados están habitados por talamontes que hacen carbón con la madera. Son lugares donde se vive mal; en las garras de la exasperación. Las familias viven unas en contra de las otras, en un clima hostil, de rudeza excesiva, ya sea en el verano o en el invierno, viven amagando su egoísmo aún más por la irracional desmesura en su deseo de escapar de este ambiente. Los hombres llevaban su carbón al pueblo en sus camiones y, después regresaban. Las más sólidas cualidades se rompen bajo este perpetuo baño escocés. Las mujeres cocinaban a fuego lento sus rencores. Había competencia en todo, desde la venta del carbón hasta las bancas de la iglesia; las virtudes se combaten entre ellas, los vicios y las virtudes se arrebatan unas a otras haciendo un revoltijo sin reposo. Hay epidemias de suicidios y numerosos casos de locura casi siempre fatales. El pastor, que no fumaba, saco un pequeño saco y vació su contenido sobre la mesa, formando una pila de bellotas. Se puso a examinarlas una por una, poniendo muchísima atención, separando las buenas de las malas. Yo fumaba mi pipa y le propuse ayudarle. Él me respondió que esto era asunto suyo. En efecto, viendo la devoción y cuidado que ponía a su trabajo, decidí no insistir más. Esa fué toda nuestra conversación durante la noche. Cuando hubo terminado de separar todas las bellotas que estaban en buen estado, entonces las contó y las puso en montoncitos de diez. De esta manera iba haciendo una selección más, eliminando aquellas bellotas que eran muy pequeñas o aquellas que tenían ligeras grietas. Al terminar, una ves más las examinaba gravemente. Cuando tuvo enfrente de él cien bellotas perfectas detuvo su tarea, y entonces nos retiramos a dormir. La compañía de éste hombre me daba paz. Al día siguiente, le pedí permiso para quedarme todo el día con él. Él lo encontró perfectamente natural, o con mayor exactitud, él me daba la impresión de que nada podría distraerlo. Este descanso no me era absolutamente necesario, pero yo estaba intrigado, quería saber más acerca de este hombre. Antes de salir, sumergió en una cubeta con agua el pequeño saco donde había
puesto las bellotas que habían sido seleccionadas y contadas previamente con tanto cuidado. Me dí cuenta de que su cayado tenía un triángulo de fierro tan grueso como un dedo pulgar y de alrededor de un metro cincuenta de largo. Yo me fuí siguiendo una ruta paralela a la suya. La pastura de sus corderos yacía en el fondo de un pequeño valle. Él dejó el pequeño rebaño al cuidado del perro y subió hacia la derecha donde yo me encontraba parado. Me temía que hubiera venido a reprocharme por mi indiscreción, pero este no fué el caso de ninguna manera. Era su propio camino, y me invitó a acompañarlo si no tenía nada mejor que hacer. Continuamos unos doscientos metros más hacia arriba. Cuando llegamos al lugar que el quería, comenzó a enterrar su triángulo de fierro en la tierra. Este hacía un pequeño agujero en él que el ponía una de las bellotas, que posteriormente cubriría de tierra nuevamente. Él estaba plantando árboles de encino. Entonces le pregunte si la tierra le pertenecía. Él me respondió que no. - ¿Sabe de quién es? Él no lo sabía. Suponía que se trataba de una tierra comunal, o quizás podría ser que se tratara de tierras a cuyos propietarios no les interesara. De esta manera, él plantó cien bellotas con mucho cuidado. Después de los alimentos del medio día, él comenzó una vez más a seleccionar semillas. Creo que puse demasiada insistencia en mis preguntas, porque él las respondió una a una. A tres años de haber comenzado, él continuaba plantando árboles en esta soledad. Él había plantado ya cien mil. De estos cien mil, veinte mil habían germinado. De estos veinte mil, él consideraba que todavía se perderían la mitad, por causa de los roedores o por cualquier otro designio de la Providencia imposible de predecir. Quedarían entonces diez mil encinos que podrían crecer en este lugar donde antes no había sobrevivido nada. Fué en este momento en el que comencé a preguntarme sobre la edad de este hombre. Era evidente que se trataba de un hombre de más de cincuenta años. Cincuenta y cinco me dijo. Se llamaba Eleazar Bouffier. Solía tener una granja en las planicies, donde había vivido la mayor parte de su vida. Había perdido a su único hijo y después a su mujer. Se retiro a la soledad donde acogió el placer de vivir lentamente con su rebaño de corderos y su perro. El había juzgado que este país se estaba mueriendo porque le faltaban árboles. Añadió entonces que no teniendo nada más importante que hacer había tomado la resolución de poner remedio a este estado de las cosas. Viviendo yo mismo en ese momento una vida solitaria, y a pesar de mi juventud, sabía como acercarme con delicadeza a aquellas almas solitarias. Aún así, cometí un error. Fué precisamente mi juventud la que me forzó a imaginar el porvenir en mis propios términos, y en cierta medida también un anhelo en la búsqueda por felicidad. Le comenté que dentro de treinta años estos cien mil encinos serían majestuosos. Me respondió con tal simpleza, que si Dios le prestaba vida, en treinta años él habría plantado tantos otros que estos diez mil serían tan sólo como una gota en el mar. Él había comenzado también a estudiar la propagación de las hayas. Cerca de su casa había instalado un pequeño vivero donde crecía los arbolitos. Los sujetos que había protegido de sus corderos con una pequeña barda, que funcionaba como barrera, estaban creciendo hermosamente. Él estaba considerando plantar también algunos abedules que serían muy convenientes para las partes bajas de los valles, donde aclaro que había en estado latente un poco de humedad que se extendía sobre la superficie del suelo por algunos metros. Al siguiente día, nos separamos.
Al año siguiente la guerra del catorce había comenzado. Yo estuve comprometido en ella por cinco años. Un soldado de infantería apenas y podía pensar en árboles. A decir verdad, todo este asunto no me había dejado ninguna impresión. En lo personal la considere como un hobby pueril, como una colección de timbres y la olvide. Al terminar la guerra me encontré al frente a una pequeña desmovilización y con un gran deseo de tomar un pequeño respiro de aire puro. Sin ninguna otra preconcepción más allá de tomar un nuevo aliento. Fué así que retomé el camino hacia aquellas tierras desérticas. La región no había cambiado. Sin embargo, más allá de ese poblado abandonado percibí a la distancia una especie de neblina grisácea que convergía en las alturas de las colinas como una alfombra. A partir de ese momento no deje de pensar en el pastor que plantaba árboles. Diez mil encinos, me dije: ocupan un gran espacio verdaderamente. Había visto morir a mucha gente durante esos cinco años de guerra, pero no me podía imaginar de ninguna manera la muerte de Eleazar Bouffier, a pesar de que un hombre de veinte años piense que un hombre de cincuenta es ya tan viejo que no le resta más que morir. Él no estaba muerto, en efecto, estaba lleno de vitalidad. Había cambiado la materia de su interés. Ahora sólo tenía cuatro corderos, pero tenía un centenar de colmenas. Se había desecho de los corderos porque amenazaban los retoños de los árboles. Él me comentó entonces que la guerra no lo había distraído en absoluto, como yo mismo me pude dar cuenta, él continuó con su labor de cultivador de árboles imperturbablemente. Los encinos de 1910 ahora tenían 10 años y eran más altos que yo y que él mismo. El espectáculo era impresionante. Yo me quede literalmente privado de la palabra. Como él, no podía hablar más. Pasamos todo el día en silencio caminando por su bosque. Estaba divido en tres secciones, el largo total era de once kilómetros, y en su punto más ancho la sección era de tres kilómetros. Cuando caí en la cuenta de que todo esto había florecido de las manos y del alma de este único hombre solo, sin ningún avance técnico en su herramienta, comprendí que los hombres pueden llegar a ser tan eficaces como Dios en otros dominios además de el de la destrucción. Él había perseguido su ideal, prueba faciente de ello era que las hayas habían alcanzado mis hombros y se habían extendido tan lejos como la vista podía alcanzar. Los encinos eran ahora robustos y frondosos, habían ya pasado la edad en la que estaban a la merced de los roedores y en cuanto a los designios de la Providencia, si deseaba destruir la obra creada, se necesitaría de un ciclón. Él me mostró sus admirables parcelas de abedules que databan de cinco años atrás, es decir de 1915; cuando yo tuve que estar combatiendo en Verdún. Él los había plantado en las partes bajas del valle, donde había sospechado, con justa razón, que había humedad justo a flor de tierra. Eran tan tiernos como jóvenes adolescentes, y muy decididos. La creación estaba en el aire, por doquiera, se veía como la sucesión estuviera tomando su propio camino. Él no se preocupaba, se ocupaba. Perseguía obstinadamente su objetivo. Era tan simple como eso. Al descender por el poblado, pude ver agua correr en los arroyos que en la memoria de los hombres, habían estado siempre secos. Era la más extraordinaria reacción en cadena la que este hombre me había dado la oportunidad de presenciar. Estos arroyos secos que en tiempos muy antiguos habían llevado agua, habían vuelto a florecer. Algunos de estos tristes poblados, de los que había comentado al comienzo de mi relato, estaban construidos sobre edificios de antiguas ciudades galo-romanas, donde aún quedaban algunos trazos de estas antiguas culturas. Ahí, los arqueólogos habían encontrado anzuelos de pesca, en lo que en tiempos más recientes habían sido cisternas para abastecer de un poco de agua a estos secos lugares.
El viento dispersaba también algunas semillas. Al mismo tiempo que el agua reapareció, reaparecieron los sauces, las enredaderas, los prados, los jardines, las flores y positivas razones para vivir. Realmente la transformación había tenido lugar de manera tan paulatina que había penetrado y se había instalado en la costumbre sin provocar ningún sobresalto o sorpresa. Los cazadores que subían a la soledad de las montañas para perseguir liebres o jabalíes habían constatado también la presencia de pequeños árboles. Sin embargo, atribuían los cambios a los procesos naturales de la tierra. Esta era la razón por la que nadie había tocado su obra, porque nadie en absoluto había llegado a estar en contacto con este hombre. Era insólito. ¿Quién podría imaginar que en estos poblados y administraciones, que existiera alguien con tal obstinación y poseedor de una generosidad extrema que llegase al punto de ser sublime? A partir de 1920, no dejé pasar más de un año sin ir a visitar a Eleazar Bouffier. Jamás lo ví decaer, ni dudar. A pesar de que sólo Dios sabe los sin sabores que hubo de superar. Para obtener el éxito en su empresa fué necesario superar muchas adversidades y luchar contra la desesperación. Baste decir que durante un año había logrado plantar diez mil arces y todos murieron. Al siguiente año de este suceso, decidió abandonar los arces y volver a plantar hayas. Estas lograron crecer sanas y con mayor esplendor que los encinos. Para tener una idea más precisa del carácter excepcional de nuestro personaje, no hace falta más que recordar que vivía en una soledad total, sí total, a tal punto que hacía el final de su vida había perdido la costumbre de hablar. O quizás: ¿Era que ya no había visto la necesidad de hacerlo? En 1933 recibió la visita de un guardia forestal atolondrado. Este funcionario le advirtió de no provocar fuegos a la intemperie, ya que podría a poner en riesgo el bosque "natural". Fué la primera vez que un hombre le dijera de forma tan pueril que había visto crecer este bosque por sí solo, de manera espontánea. En este tiempo él estaba pensando en plantar hayas en un claro a doce kilómetros de su casa. Para evitar el ir y venir de ese sitio, - ya que para aquel entonces él contaba ya con setenta y cinco años de edad-, estaba ambicionando construir una pequeña casita de piedra en el lugar mismo donde se encargaría de plantar los árboles. Esto fué lo que hizo al año siguiente. En 1935, un verdadero delegado de la administración vino a examinar "el bosque natural". Había con él un personaje importante del Ministerio de Aguas y Bosques, un diputado y técnicos. Se pronunciaron muchas palabras inútiles. Se decidieron hacer algunas cosas y, afortunadamente, no se hizo nada; excepto por una medida verdaderamente útil: se puso al bosque bajo la salvaguarda del Estado, y se prohibió que se viniera a hacer carbón. Era evidente que era imposible no ser subyugado ante la belleza de estos jóvenes árboles plenos de salud. Este bosque ejercía sus poderes seductivos incluso en el mismo diputado. Yo tenía un amigo entre los directores del departamento forestal que estaban en la delegación. Le explique lo que para él era un misterio. Un día de la siguiente semana, fuimos los dos juntos a buscar a Eleazar Bouffier. Lo encontramos en pleno trabajo, a veinte kilómetros del sitio donde se había realizado la inspección anterior. Este capitán forestal no era mi amigo nada más porque sí. Él conocía el verdadero valor de la cosas. El sabía permanecer en silencio. Le ofrecí algunos huevos que había traído conmigo como regalo; dividimos nuestros alimentos en tres y pasamos algunas horas sin decir ninguna palabra, en la contemplación del paisaje.
La ladera donde estábamos estaba cubierta por árboles de seis a siete metros de alto. Yo recordé el aspecto del sitio en 1913: un desierto... El trabajo apacible y regular, el aire lleno de vitalidad de las alturas, la frugalidad, y sobretodo la serenidad de su alma le habían dado a este hombre una salud casi solemne. Era un atleta de Dios. Me preguntaba cuántas hectáreas más él habría todavía de cubrir con árboles. Antes de partir, mi amigo hizo una simple sugerencia concerniente a algunas especies de árboles para las que el terreno parecía especialmente adecuado. Él no insistió más. Por una muy buena razón. Me aclaro después. Este buen hombre sabe mucho más que yo. A una hora más de camino, - esta idea se le había fijado en su pensamiento, y entonces agregó:"Él sabe mucho más que todo el mundo". Él había encontrado un motivo para sentirse orgulloso y feliz. Fué gracias a este capitán forestal que no solamente el bosque fué protegido, sino que junto con él la felicidad de este hombre. Hizo nombrar a tres guardias forestales para la protección de los territorios. Los ubico de tal manera que permanecieran indiferentes a cualquier cantidad de vino que los talamontes pudieran ofrecer como soborno. La obra no estuvo en riesgo grave, salvo en la guerra de 1939; cuando los automóviles comenzaron a entrar por madera, pues nunca había suficiente. Comenzaron a talar algunos de los encinos de las parcelas de 1910. Por suerte, estos bosques están tan lejos de cualquier arroyo o camino que no resultó costeable seguir extrayendo la madera y la compañía decidió pronto abandonar esta extracción. El pastor no vió nada. Él estaba a treinta kilómetros del sitio, y continuaba pacíficamente con su labor, tan imperturbable por la guerra de 39 como lo había estado por la guerra de 14. Ví por última vez a Eleazar Bouffier en 1945. Tenía entonces ochenta y siete años. Yo había retomado de nueva cuenta el camino del desierto, sólo para encontrarme ahora con lo que a pesar de todo había dejado como legado la guerra en esa región. Había un carro que hacía la ruta entre el Valle del Durance y la montaña. Yo me apreste a tomar este relativamente rápido medio de transporte, pues los cambios eran tan grandes que yo no pude reconocer el lugar de mis últimas visitas. Me pareció también que el trayecto me hacía pasar por lugares nuevos. Me ví obligado a preguntar el nombre del poblado, para estar bien seguro que esta era la región que en otros tiempos había visto en ruinas y desolación. El carro me dejó en Vergons. En 1913, en este pequeño caserío había diez o doce casas con tres habitantes. Estas gentes eran salvajes, detestándose los unos a los otros, siempre en eterno conflicto y pillaje. Física y moralmente, ellos parecían hombres prehistóricos. Eran devorados por el contorno de las paredes de las casas abandonadas. Su condición era de total desesperanza. Parecía que sólo estaban esperando a que la muerte los encontrara. Una condición que claramente no los predisponía a cultivar ninguna virtud. Todo había cambiado. Incluso el aire mismo. En el lugar de borrascas secas que en otros tiempos había sido, ahora soplaba suavemente una brisa con dulce olor. Un sonido que recuerda el del correr del agua que cae de las alturas. Pasaba lo mismo con el viento que ululaba entre los árboles del bosque. En fin, lo más asombroso de todo era que se escuchaba el ruido del agua que circulaba hacía un verdadero pozo. Ví que habían construido una fuente, y que había abundante agua en ella; lo que me estremeció más es que junto a esta fuente habían plantado limoneros que tenían por lo menos cuatro años y que ya habían crecido gruesos. Eran un símbolo de la indisputable resurrección. Más aún Vergons mostraba ya signos de trabajo, de aquellos que tienen por
condición necesaria la presencia de la esperanza. La esperanza había retornado. Habían limpiado las ruinas, habían tirado las paredes rotas, y habían reconstruido las cinco casas. El poblado contaba ahora con veintiocho habitantes que incluía a cuatro parejas jóvenes. Las casas nuevas, recién remozadas estaban rodeadas por jardines, hortalizas y verduras entremezcladas con malezas alineadas, había legumbres y flores, coles y rosales, puerros y albahaca, apios y anémonas. Era ahora un lugar donde cualquiera estaría encantado de vivir. A partir de este poblado seguí mi camino a pie. La guerra de la que a penas estábamos saliendo, no nos permitía más que reincorporarnos pausadamente a la vida. Sin embargo, Lázaro estaba fuera de su tumba. En los flancos de las montañas ví campos verdes de cebada y de centeno en hierba. Al fondo podía ver algunas praderas que reverdecían. Nos separan ahora ocho años desde que ví a toda esta región florecer con una suave ligereza que resplandecía de verdor. Los despojos de las ruinas que había visto en 1913, ahora mantenían granjas prósperas, que proporcionaban una vida feliz y confortable. Los viejos manantiales eran alimentados por agua de lluvia y nieve que ahora podía ser alojada y retenida por los bosques; el agua volvía a correr recuperando su ciclo natural. Parte del agua se había acanalado. Bordeando a cada granja había arboledas de pinos y arces, los manantiales de agua estaban bordeados por carpetas de mentas frescas. Los poblados estaban siendo reconstruidos poco a poco. Una población venida de las planicies donde la tierra era muy cara llegaron a establecerse, trayendo con ellos juventud, movimiento y espíritu de aventura. Ahora se encuentran por los caminos hombres y mujeres bien nutridos, jóvenes y muchachas que saben reír, y que han retomado el gusto por las fiestas de la campiña. Si reencontramos a la antigua población, ahora veremos que es irreconocible por su dulzura y plenitud por la vida. Contando a los nuevos llegados, tenemos a más de diez mil personas que le deben su felicidad a Eleazar Bouffier. Cuando reflexiono que un solo hombre confiado en sus simples recursos físicos y morales fué suficiente para hacer surgir de un desierto esta tierra de Cannan, me doy cuenta que a pesar de todo, la condición humana es admirable. Pero, cuando hago un recuento de lo que puede crear, la constancia, la generosidad y la grandeza de un alma resuelta a lograr su objetivo, soy presa de un inmenso respeto por aquel viejo campesino sin cultura que a su manera supo como materializar una obra digna de Dios. Eleazar Bouffier murió apaciblemente en 1947 en el asilo de Banon.

miércoles, 28 de abril de 2010

NO SIEMPRE ES TAN DURO




En ocasiones los arboles por condiciones del terreno crecen de manera desproporcionada.
en el caso de los Populus canadiensis de estas imagenes, estos se comportan muy bien como arboles forestales, pero con alturas que superan los 30m en punta y con principios de pudriciones en las bases, se hace necesario reducir copas y alturas para limitar la incidencia del viento sobre los mismos.
esta solucion no es idonea y solo se contempla como el principio para sustituir el arbolado de la zona por especies mas acordes con el clima y la orografia de la zona.
por ser troncos limpios y estar las copas tan proximas se procura trabajar varios arboles desde un solo pie (el de mejor situacion y seguridad) esto implica que nos tengamos que dar estos vuelos de arbol a arbol, en el video podemos ver a Alejardro "el Preka" realizando un cambio con la ayuda e Ivan que es el que controla la cuerda desde el suelo para evitar imprevistos

miércoles, 27 de enero de 2010

Caida de arboles


Caída de árboles en Valladolid y toda España.
no es raro que cuando un propietario de un jardín tiene un árbol cerca de la casa, tenga la tentación de quitarlo por miedo a que una tormenta lo derribe contra la casa.
después de lo ocurrido estos días parece difícil aconsejar conservaciones pues no son pocos los árboles que se cayeron, pero no nos dejemos convencer por los catastrofistas pues en cada caso hay que ver las razones y estas suelen ser puntuales y en muchos casos se produce un acumulo de coincidencias, como es el caso de las intensas lluvias que precedieron a la tormenta de aire que fue la guinda.
¿como valorar las posibilidades de caída en un árbol?.Viendo el estado del terreno, si se encuentra blando y poco estable, en los días de poco viento o viento moderado nos pondremos en su base y observaremos un abultamiento del terreno o bien notaremos como se mueve toda la zona radicular, estos ejemplares se pueden afianzar y anclar al suelo con unos cables o vientos convenientemente fijados a las ramas y tronco y de ahí al suelo, esta medida es muy básica y la de menor coste, pero también poco estética, además de no mejorar la estructura del árbol, por hacerlo dependiente de esta "prótesis" de por vida. lo mas practico es fijar el suelo, y esto se puede hacer creando una parrilla metálica que asentada sobre el suelo del árbol y anclada a las capas duras del suelo, evite que la zona donde desarrollan las raíces se levante. es necesario tener en cuenta que el efecto palanca que ejerce un árbol en la base es enorme, por lo que los anclajes han de ser resistentes y por supuesto en ningún momento deben dañar las raíces, esta parrilla se disimula con una capa de tierra en la que se puede sembrar o plantar a conveniencia.

las talas de árboles mucha veces cambian el comportamiento de las corrientes de aire y con ello las cargas sobre los árboles que dejemos, pudiendo caer estos en posteriores tormentas, es por esto que si un árbol o grupo de árboles soporta una tormenta no adelantemos acontecimientos, lo mas seguro es que aguante la siguiente, eso sí no descuidar el entorno, pues los árboles crecen según su entorno potenciando la estructura de madera donde se necesario para aguantar, pero lamentablemente, unas veces por capricho y otras por necesidad nos vemos en obras que pueden afectar el entorno del árbol. Zanjeados para riego o instalaciones eléctricas, una reparación en el vaso de la piscina, una plataforma que entra por el césped para arreglar el tejado. acciones que rompen raíces y que en principio no causan daños evidentes pero que seguramente se pueden evitar o minimizar.
otras veces el problema es de plantación, no hacer una plantación adecuada es el origen de la mayoría de los problemas, en varios de los Arizónicas que se cayeron no se retiro el alambre de la escayola, y pueden pasar años sin que esto sea un problema, hasta que como decíamos mas arriba se sume a nuestra colección de cosas mal hechas.un árbol no sale de la noche a la mañana, son tesoros que tenemos que conservar .Mis mas sentidas condolencias a todos aquellos que perdieron un ser querido en la pasada tormenta.

viernes, 11 de diciembre de 2009

SETOS

CUANDO HABLAMOS DE LOS JARDINES, VEMOS QUE EL ORIGEN DE LOS MISMOS ESTA EN LOS PARAISOS QUE TANTO ANHELAMOS.

La palabra paraíso viene del persa paradeiza, que traducido viene a ser algo así como lugar cercado. Siguiendo por estos derroteros podríamos decir que el paraíso o jardín del que hablamos se tiene que encontrar cercado, o vallado.
Las cercas dan a entender donde esta el limite entre lo mió y lo de los demás. Desde los principios de la humanidad cuando se quería conservar el ganado encerrado con unas ramas espinosas entretejidas, hasta las imponentes murallas de las fortalezas medievales, la cerca ha sido la piel que protege a un pueblo y sus posesiones. Nos da en definitiva la sensación de protección e intimidad. No es de extrañar que cuando uno realice obras en su jardín busque la forma de cerrar las vistas y el acceso.
Existen infinidad de posibilidades para realizar una valla, lo normal es que de obra dejen instalada una de alambre, en la mayoría de los casos de color plata o galvanizado de “singular belleza”. Habría que decir a los que instalan estas vallas que coloquen los postes con el hormigón justo, por que en demasiadas ocasiones las zapatas de estos postes invaden el jardín hasta el punto de dificultar la plantación de un simple seto.
La elección de la planta jardín dependerá del gusto de cada uno, pero las características técnicas de estas podrán jugar a nuestro favor o no. Es necesario tener claro que no hay plantas seto, ¿como decirlo?, no podemos comprar semilla de seto igual que no podemos comprar semillas de bonsái. El seto es una formación de plantas en hilera que debidamente cuidada dará la apariencia de un sola planta, o mejor dicho no sabremos donde empieza y termina cada planta.
Podemos colocar cualquier planta que nos vendan en el vivero si tenemos claro cual es su desarrollo futuro. Si elegimos confieras lo mejor es apostar sobre seguro, hay una serie de enfermedades que limitan la elección a los conocidos leylandis, que aunque muy resistentes también necesitan cuidados, y espacio, tener en cuenta que este hibrido de Chamaeciparis y Cipres puede alcanzar alturas de mas de 30 m y crecimientos anuales de 1m o mas en condiciones optimas de cultivo. Hablaremos mas delante de el. Thujas y cipreses son también usuales, y todavía se pueden ver restos de los cipreses de Arizona tan usados en los años 60 y 70 antes de la proliferación del chancro del ciprés, ojo los leylandis no son inmunes a esta enfermedad. Una de las confieras que tiene las características idóneas para seto es el tejo, a excepción del precio claro esta, pero si esto no es un impedimento no se me ocurre una elección mejor, además para todos aquellos amigos de la magia, decir que los tejos son considerados árboles mágicos y protectores. Pero esto es tema para otro día.
Saludos a todos.

PARA CONSULTAS Y PROPUESTAS SOBRE ARTICULOS O ASUNTOS RELACIONADOS CON JARDINERIA ESCRIBIR A jardinesfito.blogspot.com

sábado, 21 de noviembre de 2009

AUTOCONSTRUCCION DE UN JARDIN.2

AUTOCONSTRUCCION DE UN JARDIN.2

PARECE QUE LA GENTE QUIERE QUE HABLEMOS DE ESTE TEMA, YO ENCANTADO.


En el artículo anterior habla de la importancia de preparar el terreno y dejar el máximo de instalaciones previstas. Y con esto me escribe Juan de Entrepinos que todo esto esta muy bien pero que las instalaciones de agua son hechos consumados, y no es el único que se queja.
Por eso voy a aprovechar estas páginas para trasmitir sus enfados por decirlo de una manera suave.
Es evidente que se perdió una gran oportunidad de urbanizar en condiciones, las calles están en un estado lamentable, los ayuntamientos sin dinero y con pocas expectativas de tenerlo. En algunos sitios falta la red de riego cuando parecía una opción obligada para todos los sitios donde hubiera adosados y similares. Las constructoras se limitaron a poner acometidas que en la mayoría de los casos no sobrepasan los 3/8 de pulgada, esto para entendernos no es más de un dedo de grosor. Todos los ahorros por parte de las constructoras parecen un insulto cuando vemos el precio final de la vivienda y los costes de las posibles soluciones. El insuficiente caudal y al falta de presión hacen necesario la instalación de un equipo de presión para realizar un riego razonable, estos equipos deben tener un deposito de almacenamiento, aspirar el agua directamente de la red y no de un deposito previamente instalado además de ser una chapuza esta completamente prohibido.
En muchos casos el césped es la parte que mas agua necesita, en los meses de calor, mas o menos 6 litros m2 día según variedades y orientación, es conveniente decidir si tenemos césped por gusto o por inercia, la única finalidad del césped es tener una superficie verde en la que nos podamos tumbar, a lo mejor en un poco simplista pero si no vamos a pisar el verde este se puede sustituir por plantas de cobertera como hiedra, por poner un ejemplo, de esta manera se puede ahorrar agua. La variedad de pavimentos del mercado es grande por lo que se debe barajar la posibilidad de ver el espacio como una gran terraza o patio o como un pequeño jardín por diferenciar un poco más que nada. En el caso de optar por el césped hay que acomodar el circuito de riego a la presión y caudal del que dispongamos, en el caso de jardines pequeños donde el riego del césped se resuelve con cuatro o cinco aspersores, puede ser preferible poner una electrovalvula por aspersor, a instalar un equipo de presión para cuatro aspersores. Los aspersores o difusores desaparecen bajo tierra cuando el riego no funciona, nunca instalarlos por encima del nivel del suelo, esto implica bordearlos con la segadora y necesitar tiempo extra con el corta-bordes, además de reducir considerablemente la vida de los aparatos de riego. Lo mismo se puede decir de los bordillos y bordes, si se pueden acondicionar para dejarlos segados sin necesidad de pasar el corta-bordes mejor. En el caso de usar segadora eléctrica no dejar que la hierba crezca demasiado, son maquinas de poca potencia. La retirada de la hierba se puede hacer de varias maneras, a los contenedores municipales de orgánico, o en un compostador en el propio jardín, se puede probar a extender los restos de siega por la base de los arbustos y setos, en este caso vigilar que la capa esta siempre suelta no pudriendo ni generando olores, de esta manera reducimos la proliferación de hierbas y mejoramos el suelo. Esta practica es muy recomendable ya hablaremos de acolchados en artículos siguientes.

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viernes, 6 de noviembre de 2009

UNA RAZON PARA TALAR



EN ALGUNOS SITIOS LOS ARBOLES CRECEN DEMASIADO.



Los chopos del Canadá son variedades altamente productivas para madera, en plantaciones ornamentales pueden crecer excesivamente, y en el caso de estos presentar graves problemas de envejecimiento. esto unido a las pudriciones de base y a los fuertes vientos que soplan en la zona, sin olvidar que el terreno se vuelve inestable por el encharcamiento, hace obligada la tala.


son arboles de mas de 30m en punta, que no pueden caer desde abajo por los destrozos que causarian en el arbolado que se pretende conservar, el uso de plataforma aunque posible tambien es peligroso solo sirve para algunos casos.


se opta por la tala controlada mediante trepa, retirando la copa que es la que puede ocasionar mas daños en la caida. estos trabajos se realizan asegurados en la mayoria de los casos en arboles colindantes.


el uso de trepadores es solo en los casos de tala, este es uno.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

AUTOCONSTRUCCION DE UN JARDIN

AUTOCONSTRUCCION DE UN JARDIN.

Las operaciones previas a las plantaciones en un jardín son necesarias si queremos que este funcione.

Cuando uno tiene un pequeño terreno, puede tener la tentación de ajardinarlo, y las tentaciones son para obtener un disfrute. Con algunas cuestiones básicas podemos comenzar un jardín sin miedo a liarla.
Voy a intentar definir algunos puntos básicos para la creación de nuestro espacio. Lo primero es tener claro que utilidad vamos a dar a este espacio, es muy común pensar que se puede tener un montón de cosas distintas, incluso si disponemos del espacio suficiente, tenemos que prever el tiempo de mantenimiento necesario, cuando los elementos vegetales del jardín se abandonan suele ser problemático su recuperación. En un jardín de 60 o 100m² es complicado instalar un cenador, piscina, huerto, pradera y zona de juegos para los niños, conviene priorizar. Por experiencia las terrazas y cenadores que vienen de serie en las casas, se suelen ampliar. Los huertos se retiran entre el segundo y cuarto año, los árboles frutales acaban talados y sustituidos por los omnipresentes prunus rojos, el césped suele ser motivo de discusión constante por la servidumbre que genera, al igual que la piscina.
Bueno creo que el panorama que pinto no parece muy positivo, y menos viniendo de un jardinero. Pero no se trata de desanimar a nadie, todo lo contrario. Pues bien, una vez tengamos claro como vamos a utilizar el espacio, lo siguiente es ver las posibilidades del mismo, y amoldarse si es posible a lo que ya tenemos, si hay una zona que se encharca, podríamos instalar en este punto un estanque y si nos dejaron un montón de tierra ver la posibilidad de hacer una rocalla y no al contrario Lamentablemente en muchos jardines nos encontramos más escombros de los que nos gustaría, en una ocasión la constructora dejo un bloque compacto de hormigón de unos cuatro metros cúbicos, (la base de la grúa) menudo regalo para sacar por el salón de la casa. Otras veces dejan el terreno tan compactado que es completamente impermeable provocando unos graves problema de encharcamiento, conviene solucionar esto antes de empezar cualquier trabajo en el jardín, un suelo que funcione lo es todo para el jardín..
Por ejemplo, algo básico puede se un cenador, una zona de sombra donde poner la tumbona para la siesta y un cerramiento, no hay que olvidar que la palabra paraíso viene de otra similar que significa lugar vallado o cercado. A continuación pensar en las necesidades de cada elemento. El árbol de sombra necesita un hoyo a ser posible de 1m³ si es mas mejor, y con buen drenaje. El cerramiento si se hace con un seto vivo puede invadir al vecino, o viceversa. El pavimento de la terraza si es de obra implicara un gran movimiento de materiales, y no todos los jardines tienen un fácil acceso, por eso si se hacen antes de amueblar las zonas de paso en el caso de acceder desde la casa mejor. Si tenemos césped este abra que segarlo todas las semanas cuando esta en plena temporada, conviene tener la segadora a mano.
Diseñar la instalación de riego. Cuando las raíces crezcan, o tengamos puestas las baldosas del cenador será menos aconsejable hacer zanjas. Un buen riego automático riega todos los puntos del jardín, macetas incluidas sin nuestra presencia. De todas maneras las necesidades de riego cambian a menudo, por lo que los ajustes del programa son algo normal. Conviene, de ser posible, colocar el programador en el exterior de la casa, esto nos permite maniobrar el riego si necesidad de dar mil paseos en cada operación. Además en el caso de contratar el mantenimiento, la empresa de jardinería tendrá acceso sin necesidad de entrar en la casa. Hay que hacer los cálculos correctos teniendo en cuenta el caudal y la presión de la que disponemos. Los aspersores o difusores se deben solapar, y nunca mezclarse en una misma estación de riego. En mas de una ocasión veo menos elementos de los necesarios, errores estos que son mas o menos lógicos cuando uno hace su propio jardín pero en absoluto cuando lo realiza un “profesional”. No se ahorra agua por poner menos aspersores, todo lo contrario un riego mal instalado despilfarra agua.
Una vez limpio el terreno, solucionados los problemas de drenaje, si los había, y con el riego instalado podemos ir a nuestro vivero favorito y comenzar las plantaciones, dando rienda suelta a nuestra imaginación dejándonos asesorar en el caso de ser necesario por los técnicos del vivero.

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